Ansiedad y relajación

Mi ansiedad me ahoga – me decía un deportista. Me levanto cada mañana con una terrible sensación de opresión en el pecho. Es algo que me empuja aquí dentro y que no me deja respirar. Antes sólo ocurría a veces, pero ahora lo siento casi todo el tiempo. Es como un peso que me aplasta y me hace cada vez más pequeño.

¿Y cuándo empezó?

La temporada pasada. No sé muy bien por qué. Empecé con una pequeña lesión, comenzaron a ir mal los resultados… En casa tampoco la cosa estaba bien. Mi pareja se quedó sin trabajo… Además, el club se encontraba en una situación complicada y las renovaciones pendían de un hilo.

¿Y cómo comenzaron los síntomas de ansiedad?

Empecé a dormir mal por las noches, a tardar mucho en conciliar el sueño. Luego me despertaba, sobresaltado por la noche, con pesadillas… Normal, si estaba todo el día dándole vueltas al “tarro”. Que qué pasará el año que viene, que dónde estoy fallando, que debo tener mucho cuidado en no lesionarme para no poner más en juego mi carrera… No dejaba de pensar. Y cuanto más pensaba, más me ahogaba; todo el día viendo el lado negativo de la situación, sin luz al final del túnel. Aunque las cosas fueran mejor, como cuando nos dijeron que nos renovaban sin problemas para el año que viene, yo solo pensaba “vale, ¿pero y si no hay dinero para las nóminas?”

Entiendo, eso es lo que piensas. ¿Y qué sientes, cuáles son tus emociones sobre todo esto?

Si lo tuviera que calificar con una sola palabra sería DESCONTROL. Creo que ya no puedo controlar nada, me siendo indefenso, sin saber qué pasará. Me invade también un sentimiento de tristeza terrible… porque ya no puedo más, no sé qué hacer y necesito que esto pare. Pienso en qué solución le puedo dar a mi ansiedad, a mi lesión, a mi situación en el club, a la de mi pareja…

¿Sabes? Es normal que sientas ansiedad en estos momentos. La sentimos cuando interpretamos que algo nos supera y que de alguna manera nos amenaza… Sientes que hay mucho en juego, ¿verdad? La diferencia entre el miedo y la ansiedad es que en el primero identificamos el peligro y sabemos que la solución depende de nosotros. Si se prendiera fuego en tu cocina, el fuego es tu peligro y coger el extintor, la solución. Pero cuando las cosas no dependen de nosotros, sentimos ansiedad. No puedes controlar si tendrás una mala caída y te lesionarás de nuevo; ni si tu pareja obtiene un nuevo trabajo; ni si el club tendrá solvencia. Entonces, ¿qué sentido tiene preocuparse por eso? ¿Dónde debería estar puesta la atención?

Quizás… en entrenar bien para prevenir la lesión, en animar a mi pareja a buscar ofertas de empleo, en trabajar duro para obtener patrocinadores por si el club falla al pagar una nómina… En lo que depende de mí.

Pues entonces, responsabilízate, y hazlo.

Seguro que te has sentido identificado en partes de esta situación y en que la ansiedad es una de las emociones más negativas que puede sentir un deportista y la que más perjudica el rendimiento.

En ocasiones, la ansiedad o el estrés se siente sólo antes de la competición; otras, convive con el deportista. Peor igualmente impide dar todo lo que el deportista lleva dentro.

Aprender a manejar los pensamientos que producen la ansiedad, entrenarse en técnicas de relajación y control de la respiración, así como en resolver o aceptar los problemas que te generan ansiedad son los pilares básicos de la intervención terapéutica.