Ante el fracaso, ¿qué sentimos?

¿Has fracasado alguna vez? O ¿Lo has percibido como tal? Suele ocurrir cuando nos ponemos objetivos y no los conseguimos. Incluso aunque su consecución no dependiera totalmente de nosotros. Pero aún así, sentimos como si nos precipitásemos al abismo irremediablemente, nuestras ilusiones se diluyen en el horizonte de las expectativas, y un vacío se apodera de nuestro ser. Es natural sentirse así. Somos humanos. No sentir emociones sería ilógico, irracional e insano.

Toda emoción tiene un sentido y debemos descubrir qué sentimos exactamente para poder gestionar nuestras emociones: esa es la inteligencia emocional. Especialmente debemos hacerlo con las emociones complejas: aquellas que están compuestas de varias emociones primarias. Pregúntate qué sientes.

¿De alguna forma el no conseguir tus objetivos provoca que sientas desaprobación? ¿Te imaginas a ti mismo mirándote desde lejos, diciendo que no con la cabeza? La desaprobación es una emoción que combina la sorpresa y la tristeza. Nos sorprendemos porque realmente pensábamos que íbamos a conseguir nuestros objetivos, teníamos esa certeza y quizá no dábamos la opción a que algo escapara de nuestro control. Nos sentimos tristes por la pérdida de ese premio que en el fondo, nunca tuvimos… ¿Es lógico anticipar con tanta certeza ese triunfo?

¿Lo que sientes es remordimiento? Entonces es que estás triste por no conseguir tu objetivo pero añades asco o rechazo; es una manera de reprender tu conducta, como si moralmente estuvieras obligado a conseguirlos, y cuando no lo haces te pones una etiqueta, bien grande en la frente que dice “inútil, deberías haber hecho algo más”. ¿Es lógico que un hecho puntual nos determine como personas?

Si vas más allá e incluso has llegado a sentir desprecio es que estás combinando ese asco con la ira. La ira viene de percibir una amenaza sobre tu persona. Así que piensa ¿qué significa para ti el no haber conseguido tus objetivos? ¿Dónde estás percibiendo tal amenaza?

¿Es desesperación lo que sientes? Si es así estás combinando tristeza y miedo. Y la consecuencia irremediable es sentirte paralizado, no eres capaz de analizar la situación, no ves salida… El miedo nos ha ayudado a la supervivencia, pero esta cuestión no es la que se trata ahora. Que no consigas este objetivo no frenará tu existencia, así que ¿para qué te sirve? Conviértelo en un análisis de nuevas oportunidades.

Existen mil emociones diferentes que puedes sentir cuando tus sueños se alejan. Todo dependerá de la evaluación que hagas de la situación, de cómo interpretes lo que te está ocurriendo: una obligación, un fracaso… Lo peor es que lo conviertas en una etiqueta que te define como persona. ¿Es que acaso has olvidado que era un objetivo que finalmente no dependía de ti? ¿Olvidaste que no eres un ser todopoderoso que moviliza los astros para configurarlos a tu antojo? Olvídate del tema, racionaliza la situación. Si hiciste todo lo que estaba en tus manos, ya solo queda aprender: poner objetivos más realistas, planificar mejor los pasos y sobre todo, aprender a que esto, es otra experiencia más que te lleva al lugar en el que realmente debes estar.

Zoraida Rodríguez Vílchez
@ZoriPsicologa