Obsesivo compulsivo

“Esa imagen se me viene a la mente y no puedo hacer nada por evitarlo, controlarlo o eliminarla de mi cabeza”. Esta frase es la que suelen referir aquellas personas aquejadas de este tipo de trastorno: el trastorno obsesivo compulsivo. Muchos habréis visto la película “Mejor Imposible”, donde Jack Nicholson vive obsesionado con la posibilidad de contagiarse o contaminarse de gérmenes. Por este motivo se ve envuelto en comportamientos absurdos y exagerados como evitar rozarse con otras personas, abrir la puerta siempre usando un pañuelo para no tocar el pomo o se lleva sus cubiertos de plástico al restaurante en el que come cada día. Este personaje presenta el trastorno referido a la limpieza, pero hay muchos tipos más y en el deporte, o en la vida, los encontramos con facilidad.

En este tipo de trastorno, lo primero que encontramos son las obsesiones. Son ideas, pensamiento o imágenes que parecen introducirse en la cabeza y que inicialmente se perciben como sin sentido. La persona trata de neutralizarlos de alguna manera o realiza algún tipo de acción para eliminar el pensamiento. Guillermo sufría cada vez que se le venía esta imagen a la cabeza: se veía en la pista derrotado, fracasando de forma absoluta. Sabía que esto no era racional: entrenaba mucho, estaba en un buen club y todos le decían que tenía un largo camino por recorrer. Pero no podía evitar que esa imagen se apoderase de él y entonces era presa del pánico.

En un “sin saber que hacer”, Guillermo intentaba neutralizar esa imagen. Y entonces comenzaron los rituales: son esas conductas compulsivas orientadas a eliminar ese pensamiento e incluso, de alguna forma, prevenir ese mal que cree que le va a ocurrir. Cuando le venía el pensamiento, se decía así mismo: “¡tonterías!” y se ponía a imaginarse haciendo buenos saques. Eso pareció funcionar un tiempo, pero el pensamiento se descontrolaba y este deportista tenía que encontrar nuevas formas de prevenir que ocurriera la desgracia: ahora contaba desde cien hacia atrás, procuraba no pisar las líneas de la pista, entraba con el pie derecho siempre y miraba siempre hacia la esquina superior de la grada. Eso le ayudaría a no fracasar.

Tan largos eran sus rituales, que alguna vez le amonestaron en la pista por no sacar con rapidez. La ansiedad que le suponía no hacer todos esos actos (sus compulsiones) hacía que no pudiera saltarse ni una de ellas. Era impulsivo: sentía la necesidad de hacerlo, y una vez realizada la conducta, se calmaba. Lo malo era que cada vez podía esperar menos tiempo en hacer de nuevo la conducta. Y su tenis se convertía en un entretenido espectáculo para el rival.

La mejor forma de superar este trastorno es con la ayuda de un terapeuta. No dejes que tu vida sea invadida por obsesiones sin sentido que te desvíen de todo aquello que puedes conseguir.
 
Zoraida Rodríguez Vílchez
@ZoriPsicologa para IDEAL GRANADA