TOC: transtorno obsesivo compulsivo

“Ese pensamiento se me mete en la cabeza, me bombardea, me dice que voy a fallar, que no haré bien el lanzamiento y que todos lo verán”, me decía un paciente. El pensamiento obsesivo se introduce en la cabeza y parece que no hay forma de echarle. “La angustia que sentía era inmensa, ¿cómo me iba a concentrar con esa voz que me llamaba inútil? Y entonces… vi algo de luz, creí que si contaba en mi cabeza hacia atrás desde 10, me relajaría, y funcionó».

«El problema es que ahora soy incapaz de no contar cada vez que realizo el lanzamiento; si no lo hago, fallaré. He de reconocer que se ha generalizado a mi vida. Ahora cuento si me subo en el ascensor, para que no se caiga; cuando voy conduciendo, para no tener un accidente… Las manías no se han quedado ahí, cada vez necesito hacer más cosas absurdas e inútiles para estar tranquilo”.

Así me describía Javier su trastorno obsesivo compulsivo (TOC). Como indicamos en psicología, el TOC hace que tengamos “pensamientos, impulsos o imágenes mentales que se repiten constantemente. Son indeseados y causan mucha ansiedad o estrés”. La persona intenta “neutralizarlos” a través de la compulsión, una conducta que al hacerla, genera alivio pero que no hace más que arraigar y generalizar este trastorno.

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¿Pero, por qué ocurre todo esto?

En primer lugar, tenemos que reconocer el cerebro es un generador espontáneo de ideas. Esto nos viene genial para resolver problemas o ser creativo. Pero cuando no paran de surgir pensamientos que van por libre sin ton ni son, hay un problema.

En segundo lugar, la mente está hecha para reconocer peligros. O se los inventa… por si acaso. Es cuestión de supervivencia. ¡Más me valía pensar, por allá en el tiempo de las cavernas, que igual ese lobo que me mira… no tiene cara de muchas amigos! ¡De más de una nos hemos librado así! Imagina que la mente tiene una señal de alarma que se enciende cuando detecta un peligro. En el TOC la alarma no para de sonar: que si no haces esto, fallarás; que si no compruebas la hornilla, el gas se va a escapar… Esto produce sensaciones muy desagradables: ansiedad, miedo, angustia…

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Por último, a la mente le gusta tener el control y sentirse bien. Si algo le prohíbes, más piensa en ello. Y cuando uno tiene TOC intenta sacarse ese pensamiento de la cabeza. Es como cuando te dicen: “no pienses en un camello”, ¿en qué acabas de pensar?

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Un día la mente encuentra un camino para controlar todo esto y son las compulsiones: acciones que has de hacer siempre de la misma forma, en el mismo orden y si te despistas, has de volver a empezar. Pero has de hacerlas porque evitan que suceda aquello que no queremos, el “puede que”.

Pero el TOC tiene solución. Nos hemos de exponer a aquello que nos produce ese miedo/ansiedad sin hacer la compulsión para demostrarle al sistema de alarma de peligro que en realidad, no tiene nada de qué preocuparse.

Zoraida Rodríguez Vílchez
@ZoriPsicologa para IDEAL Granada