De una pareja a otra…

¡Y tiro porque me toca! Gonzalo se lo tomaba a risa, pero así es como me describía su vida sentimental. Después de Marta, su primera novia y con la que estuvo 5 años, vino Raquel con la que compartió otros 3 años de su vida. Y ahora, tras dejarlo con Carolina 6 años después de su primer beso, se encontraba perdido. Estas tres mujeres fueron las que dejaron más huella en su vida y por la forma en la que hablaba, parecía que no hubiera habido ninguna más. Pero como yo ya me huelo por donde van las historias, indagué algo más hasta descubrir que siempre, entre una gran historia de amor y otra, había tres o cuatro relaciones de meses o semanas que no terminaron de cuajar. Y lo que me imaginaba: ningún tiempo, en el Gonzalo haya estado solo, solo.

La historia de Gonzalo es la misma de muchos y muchas que sufren dependencia emocional. Son personas que no saben sin pareja y cuya vida gira en torno a buscarla o a mantenerla cuando la tienen. Cuando encuentran un gran amor, no lo dejan escapar aunque se vea claramente que la relación no va bien. Por eso Gonzalo tenía relaciones tan largas aunque infelices. Entre pareja y pareja siempre estaba tonteando con alguna a ver si cuajaba la cosa. Si lo hacía, se convertiría en una nueva pareja estable. Si no lo hacía, rápidamente pasaba a otra. Es lo que conocemos como “relación de transición”: aquella con la que paso el tiempo mientras encuentro a otra persona que me de esa estabilidad emocional que yo mismo no me se dar.

Mientras Gonzalo tenía pareja se sentía mejor: su autoestima aumentaba, en el trabajo se sentía más seguro y ¡parecía que hasta rendía más en el gimnasio! Pero si estaba solo, se sentía incómodo, como si algo le faltara. Entonces era cuando tiraba más que nunca de sus amigos. Las personas con dependencia emocional, no sólo la tienen hacia su pareja. Siempre necesitan estar rodeados de alguien y suelen tener ese mejor amigo del que nunca se separan (excepto cuando tienen pareja, claro; que entonces sólo importa eso). Son, además, excesivamente solícitos, estando siempre para el otro, aunque a veces pase por encima de sus intereses. Hay, de fondo, un miedo a estar solo, y para evitar esa soledad, se puede hacer casi cualquier cosa.

Ahora que Gonzalo estaba sin pareja y su nueva relación de transición le acababa de dar calabazas, se sintió invadido por la ansiedad y se dio cuenta de que la historia se repetía y quiso ponerle fin.

Cuento la historia de Gonzalo porque parece que las que sufrimos mal de amores y dependencia emocional solemos ser las mujeres. Y creedme, a mi consulta acuden también muchos hombres en esta situación. Cualquiera de nosotros estamos en riesgo si nos han educado en la necesidad de vivir en pareja, no sabemos lo que valemos de verdad y no nos hemos atrevido a vivir en soledad para darnos cuenta de que así, también se vive feliz y uno es igual de valioso. Pero, a veces, para darnos cuenta, ¡nos hace falta un empujoncito!

 
Zoraida Rodríguez Vílchez
@ZoriPsicologa para IDEAL Granada