Es que yo ya no me juego nada

Llega la recta final de muchas de las competiciones deportivas de esta temporada y algunos de los equipos o deportistas de nuestro país tienen bien claro cuál es el destino que les espera. Todos comienzan con un objetivo en mente y por merecimiento, suerte o desgracia, hay momentos en los que sabes que ya, no te juegas nada. Y yo me pregunto, ¿de verdad que no te juegas nada?

Creo que a veces perdemos la perspectiva de cuál o cuáles son nuestros objetivos: si solo tenemos uno en forma de resultado final, de puesto en la clasificación, de salvación, ascenso, o ser el primero, y solo el primero, etc. una vez que se diluya esa posibilidad, el resto de la competición no tendrá sentido. A estas alturas ya hay muchos equipos que saben que matemáticamente están salvados o que es inviable jugar los play-off. Otros deportistas individuales, son conscientes de que no han hecho marca para poder competir donde ellos querían, y por tanto dejan de hacer un esfuerzo real. Entonces, ¿ya no hay nada que demostrar?

Tanto en el deporte como en la vida creo que nunca hay un momento en el que nos podemos permitir tirar la toalla, relajarnos, pensando en… “total, ya no hay nada que hacer”. Yo creo que siempre hay algo que jugarse. Si tiras la toalla porque tu equipo ya no puede ascender, olvidas que también la estás tirando para ti mismo. Lo que te esfuerces o consigas, para ti va a ser, aunque el objetivo grupal por el que luchabas se haya esfumado. Todo lo que consigas será imagen que des de tu esfuerzo, de tus ganas… hará que sigas sobresaliendo en un mar lleno de peces o por el contrario que nadie se fije en ti. Si dejas de esforzarte en los entrenos o en la competición, dejas de crecer como deportista, estás ayudando al destino a que el año que viene igual tampoco llegues a esos balones o no estés acertado de cara al gol. Además, creo que nada más por la posición privilegiada que tenemos, de dedicarnos a lo que nos gusta, tenemos el derecho y la responsabilidad de seguir buscando siempre más. Esa es la ambición sana, la que te lleva siempre a luchar contra ti mismo, sean cuales sean los resultados de cada día, buscando siempre más.

En la vida diaria ocurre igual: si tenemos un puesto de trabajo estable, nos relajamos porque lo tenemos; si ahora no lo tenemos o si me estoy dedicando solo a estudiar, me relajo porque ahora no lo tengo y creo que nada tengo que demostrar. Y yo creo que la vida y el deporte es un escaparate de quién eres y de lo que quieres. Nos quejamos de la suerte pero a veces no vamos a por ella, olvidamos los porqués y para qué, olvidamos que a veces es difícil, olvidamos que siempre, siempre, nos estamos jugando algo, ¿qué te apuestas?