Control emocional, ambición y liderazgo

La rabia, la alegría, la tristeza… son algunas de las emociones básicas que sentimos de forma frecuente en nuestro deporte. También otras más complicadas, como la decepción, la frustración, o la ambición.

Pocos de nosotros tenemos realmente consciencia de para qué sirven las emociones, qué función tiene cada una de ellas o en qué contextos deben darse. Simplemente, las sentimos. El problema de esto es que hay muchas ocasiones en que sentimos emociones equivocadas para el momento. Por ejemplo, en lugar de estar tristes cuando hemos perdido un partido (la tristeza está asociada a la pérdida), nos quedamos en shock, sorprendidos (“¿cómo es posible que yo haya perdido este partido?”) y esa emoción de incredulidad no me ayuda a buscar mis fallos y tomar las riendas para enmendarlos en el siguiente competición. Otras veces, el problema no es que sentimos una emoción inadecuada, sino que lo hacemos con tal intensidad que la situación se nos va de las manos. Por ejemplo, si el partido se pone difícil, nos enfadamos y terminamos haciendo algo que no debemos (tiramos la raqueta o hacemos una entrada dura al rival). Sentimos ira cuando algo impide que consigamos nuestros objetivos. Pero enfadarnos con el árbitro a lo mejor no hace más que complicarnos el partido. Aprender a gestionar tus emociones te hace más fuerte en la competición.

Otras veces, es la búsqueda de la ambición lo que trae al deportista a consulta. Está desmotivado y sin objetivos. Reencontrar de nuevo su motivación para seguir luchando y no conformarse está en manos de la psicología deportiva.

El liderazgo es una actitud fundamental en un deportista, especialmente en deportes de equipo. Aunque en principio pueda parecer una actitud innata, puede aprenderse. Confiar en uno mismo, atreverse, no tener miedo a tomar decisiones son partes fundamentales de ese liderazgo. El entrenador es otra persona en la que el liderazgo es fundamental, saber cómo ejercerlo, cómo tratar con sus jugadores y deportistas según sean ellos y se dé la situación es parte de lo que conocemos como liderazgo situacional.