Trastornos del estado de ánimo

Dentro de los trastornos del estado de ánimo, encontramos desde un simple estado de ánimo bajo, caracterizado por la tristeza o cierto malestar emocional hasta llegar a la depresión o la distimia, entre otros.
Hay cosas que ocurren y no sabemos bien por qué. La depresión puede ser una de ellas. En ocasiones la gente que vemos deprimida, objetivamente no tiene grandes motivos para estarlo. Otras veces, sí que les ha sucedido algo muy importante. Pero sea como sea, todo depende de la óptica con la que ellos perciban su situación. Las personas somos, en definitiva, nuestras interpretaciones, y medir la desgracia propia con la ajena no suele dar consuelo. Lo importante es que a nosotros nos está afectando.

¿Por qué surge la depresión?

El patrón básico de la depresión, se compone de 5 pasos:
1. Las primeras experiencias en nuestra vida determinan en gran parte cómo somos y la forma en la que vemos el mundo, a los demás y a nosotros mismos. Qué duda cabe que una infancia feliz en la que tus padres te arropan o en el colegio eres un niño querido, hace que el mundo se vea cómo un lugar agradable en el que vivir. Por el contrario, si tu niñez estuvo llena de malas experiencias (malos tratos, padres que no apreciaban lo bueno que hacías, fracaso o acoso escolar…) te da la primera papeleta para que tengas una percepción de ti y del mundo bastante negativa.
2. A raíz de estas experiencias, las personas vamos sacando reglas en nuestra cabeza que explican el por qué de las cosas. Son “esquemas” o “supuestos”. Pero también hay supuestos disfuncionales; es decir, creencias que no nos ayudan en nuestro día a día. Si lo difícil para ti fueron las relaciones sociales, igual tienes supuestos del tipo “si no accedo siempre a los deseos de los demás, me rechazarán” o “las personas ponen siempre primero sus intereses por delante, no debes esperar nada de nadie”. Si lo difícil fue tu entorno, tendrás pensamientos del tipo “el mundo es un lugar peligroso y desagradable” o “en la vida solo hay sufrimiento”.

3. Con los dos puntos anteriores ya tenemos un buen caldo de cultivo. El detonante para que empiece la depresión es un suceso crítico que ocurre en la vida de la persona y que va asociado a la pérdida de un reforzador (algo bueno): un ser querido, un trabajo, una relación de pareja, un mal resultado deportivo o simplemente, una ilusión que nunca se consiguió.
Las personas que sufren de depresión, tras la pérdida suelen recluirse en casa: dejan de salir, de pasar el tiempo con sus seres queridos o amigos, dejan de hablar, de vivir experiencias que les de alguna alegría de vez en cuando. Cuanto más se recluyen, menos oportunidades de disfrutar y ser felices tienen. Como yo digo: “le quitamos a la vida la oportunidad de hacernos sonreír”.

4. A partir de ahí, la cabeza activa todos los supuestos disfuncionales que has ido creando a lo largo de tu vida y un bombardeo de pensamientos negativos e irracionales te inundan: “nada tiene sentido”, “el esfuerzo no vale la pena”, “nunca conseguiré lo que deseo”, “total, ¿para qué?”.

Los pensamientos que se pasean por la cabeza de estas personas son totalmente negativos en tres sentidos:
Tienen una visión negativa acerca de ellos mismos: se ven como personas sin valía, que no merecen nada bueno, solo ven sus defectos y no se reconocen apenas cualidades positivas, criticando y menospreciando todo aquello que hacen.
Todo lo que les ocurre lo interpretan de forma negativa: como si la vida solo le pusiera obstáculos imposibles de superar, y como ellos no se ven capaces de hacerles frente, sienten que la vida es injusta y les castiga.
El futuro es negro y solo negro: solo anticipan fracasos y catástrofes, desgracias y desilusiones.

5. Y pensamientos de este estilo, no pueden hacer otra cosa que dar rienda suelta a todos los síntomas de la depresión: tristeza, llantos, apatía, insomnio, falta de apetito, falta de esperanza, no tener ganas de hacer nada…

La depresión puede tener una lógica a la hora de su aparición, pero más lógico aún son las técnicas que los profesionales de la psicología utilizamos para combatirla y ayudarte a ver la luz. Eso sí, siempre necesitamos tu ayuda.