Trastornos somatomorfos

El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V) describe estos trastornos como un grupo de enfermedades caracterizadas por molestias diversas, en mayor o menor grado difusas, que aquejan al paciente pero que no pueden ser explicadas por la existencia de una lesión orgánica, o al menos no de manera suficiente y concluyente.
Dentro de ellos, incluimos la hipocondría y trastorno por dolor.

La hipocondría:

Hace poco me ha llegado un caso a consulta en Granada que no esperaba encontrar. Mis clientes deportistas vienen para potenciar su rendimiento deportivo. Los que no lo son, suelen traer trastornos psicológicos del tipo depresión, ansiedad, falta de autoestima, problemas de pareja, miedos… Y justo apareció una mezcla combinada: un deportista hipocondriaco.

La hipocondría es el miedo a la enfermedad o a la muerte, partir de una interpretación personal de síntomas físicos. Es decir, la persona tiene síntomas o signos que él considera indicativos de una enfermedad grave y eso le provoca ansiedad y un malestar clínicamente significativo.

Justo aparecieron los síntomas tras una carrera, en la que tras un esfuerzo físico, su cuerpo reaccionó de forma distinta a las anteriores veces. Vomitó y se deshidrató y tuvo que ser internado. Tras realizar pruebas, y confirmar que solamente se debió al esfuerzo acusado, mi paciente seguía con molestias en general, falta de energía y de vez en cuando, un pinchazo en el pecho. El problema comenzó cuando su cabeza empezó a dudar del diagnóstico médico: “Y si se han equivocado?, ¿y si aún tengo algo?”. Entonces fue cuando, ante esa duda, mi paciente comenzó a autovigilarse: continuamente estaba pendiente de su cuerpo, de cómo latía el corazón, de si se notaba hoy más fatigado… Y al mínimo cambio que notaba, se le disparaba la ansiedad. Incluso, ya generalizaba, sintiendo síntomas nuevos cada vez; y lo peor: anticipaba la posibilidad de que aparecieran estos síntomas que, efectivamente, acababan apareciendo.

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Trastorno del dolor:

En el ámbito médico, el dolor es un síntoma de enfermedad directamente proporcional a la lesión; sin embargo, hay ocasiones que tras numerosas pruebas médicas, no se encuentra lesión ni enfermedad. Estamos ante un trastorno por dolor.

Pregúntate:
¿La intensidad de mi dolor es siempre la misma?
¿Mi dolor es más intenso cuando tengo un mal día, estoy nervioso o tengo una discusión en casa?
¿Mi dolor disminuye cuando estoy distraído en otras tareas o estoy feliz?
Si la respuesta es sí a estas preguntas, quizás tu caso sea un trastorno por dolor. La teoría dela compuerta de Melzack ha permitido desterrar la idea de que el dolor es exclusivamente fisiológico e incluye un componente psicológico. Demostró que la médula espinal tiene un sistema de compuertas que hace que la señal de dolor aumenta y disminuye. Este sistema está mediado por procesos cognitivos, emocionales y sociales.
A nivel de cognición, los pensamientos que me llevan a aumentar mi dolor son justo los que me hacen centrarme en él. Todos hemos experimentado alguna vez como cuando estamos distraídos, se nos olvida aquello que nos dolían. Pensar que el dolor nunca se va a poder superar, tampoco ayuda. Además, la persona suele estar hipervigilante a cualquier señal que le diga que el dolor va a aparecer. Esa sobre atención también aumenta y precipita la aparición del dolor.

Emociones como la ansiedad aumentar el dolor. Cuando sentimos ansiedad o estrés, nuestros músculos se tensan, lo que hace que aumente la ansiedad, y a su vez, el dolor. La apatía, el aburrimiento (cuando tenemos dolor, dejamos de hacer actividades agradables), la rabia… tampoco son de gran ayuda.

Nuestro entorno social también puedo influir en la percepción de nuestro dolor. Si el médico no es de nuestra confianza, si nos encontramos muy solos y no hacemos actividades que nos distraigan… nuestro dolor se verá aumentado.

¿Cómo podemos trabajar para gestionar el dolor? A través de las técnicas cognitivo conductuales, cerraremos la puerta al dolor.

cognitivo

¿En qué va a consistir la terapia?

Lo primero es descartar cualquier dolencia física u enfermedad para lo que se acude UNA VEZ al médico.
Desterrar las conductas de enfermedad para impedir que la hiponcondría se perpetue y vaya a más.
Reinterpretar los síntomas como reacciones de tu cuerpo a la ansiedad y no como signo de enfermedad o muerte inminente. Incluso, necesitamos aprender que no siempre tendremos una explicación de nuestros síntomas, pero que no tiene porqué estar relacionado con la muerte o la enfermedad grave.
Para ello, necesitamos aprender técnicas de manejo de ansiedad.

Si te encuentras en esta situación y crees que necesitas ayuda, no dudes en buscarle solución lo antes posible. estaré encantada de ayudarte.