Comunicación no verbal: comunicamos más con lo que hacemos que con lo que decimos.

Dicen que solo el veinte por ciento de lo que comunicamos los hacemos a través de las palabras, porque el ochenta por ciento restante lo hacen nuestros gestos, nuestra mirada, nuestra posición corporal o nuestro tono de voz. Por eso tendemos a creer más lo que vemos que lo que sale por nuestra boca. Todos hemos vivido alguna vez la situación en la que llegamos a casa, sentimos que algo no anda bien y le preguntamos a nuestra pareja: “cariño, ¿estás bien?”. Y aunque la respuesta sea un “sí” rotundo, sabemos que no nos están diciendo la verdad.

Y es que comunicamos más con nuestros gestos que con nuestras palabras, ¿por qué? Porque es más difícil controlarlos que decir lo que los demás quieren oír. Cuando una persona está nerviosa suele desviar la mirada, tocarse las manos o la ropa, o le tiembla la voz. Seguro que alguna vez has intentado controlar todo eso y el resultado ha sido un fracaso. Esto no significa que no pueda entrenarse y no podamos aprender a manejar nuestra comunicación no verbal de forma adecuada.

¿Importa la comunicación no verbal en el deporte? Por supuesto, tanto a entrenadores como a deportistas.

En el caso de entrenadores, como líderes de un grupo, es parte de nuestra misión trasmitir seguridad y confianza a nuestros jugadores. Necesitamos que ellos vean que somos personas creíbles y fiables. Si desviamos la mirada y usamos un tono de voz vacilante cuando un jugador nos pregunta “Míster, ¿crees que podemos ganar a este rival?” por mucho que contestemos que los 3 puntos son nuestros, esto no se lo creerá nadie. Igual ocurre si tenemos que dar un orden y poner límites a nuestros jugadores: si nuestra postura es estar agazapados y no nos sale la voz del cuerpo, dudo que nos hagan caso. Más aún, ¿qué pasa si uno de nuestros jugadores viene a hablar con nosotros porque se siente inseguro o tiene algún problema y le contestamos sin mirarle a los ojos y seguimos haciendo nuestras cosas? Pues que para nada se sentirá escuchado ni comprendido, nos verá como un entrenador distante y no volverá a buscar nuestra ayuda.

Si eres deportista, cuida mucho la imagen que trasmites, especialmente a la hora de competir. No olvides que cada competición es una batalla en las que tus rivales te observan, calculan cómo te encuentras, si tienes miedo o dudas, si podrán vencerte de forma sencilla o tendrán que emplearse a fondo. Entrar a la pista con una mirada desafiante, una postura erguida, con los brazos relajados, y la cabeza bien alta, le dice a los demás que estás listo para la batalla, que hoy no hay quien te pare.

Igual tú no eres deportista pero continuamente te enfrentas a retos en tu día a día o tu trabajo, necesitas trasmitir esa imagen de confianza o profesionalidad. Recuerda: comunicas más con lo que haces que con lo que dices.

 

Zoraida Rodríguez Vílchez
@ZoriPsicologa