El papel del entrenador – educador.

La relación con los pequeños deportistas exige una formación completa y multidisciplinar.

Entrenador, educador, profesor, modelo, referente… Términos que se cruzan y forman un todo que contribuye en la formación del niño. Lejos de las teorías y las costumbres clásicas, la labor del entrenador no se circunscribe a la mera enseñanza de conceptos técnicos o deportivos. Hoy en día su función abarca muchos más espacios, ocupando un lugar importante en el desarrollo global del pequeño. El profesor en la escuela, el entrenador en el campo, los padres y la familia en la casa y el día a día, cada cual ocupa su espacio y ejerce un papel enlazado en la formación.

 La relación con los pequeños deportistas exige una formación completa y multidisciplinar.

Entrenador, educador, profesor, modelo, referente… Términos que se cruzan y forman un todo que contribuye en la formación del niño. Lejos de las teorías y las costumbres clásicas, la labor del entrenador no se circunscribe a la mera enseñanza de conceptos técnicos o deportivos. Hoy en día su función abarca muchos más espacios, ocupando un lugar importante en el desarrollo global del pequeño. El profesor en la escuela, el entrenador en el campo, los padres y la familia en la casa y el día a día, cada cual ocupa su espacio y ejerce un papel enlazado en la formación.

Para la ejecución de esta labor, al entrenador-educador hoy se le exige una formación completa que abarque tres campos: competencias pedagógicas, conocimientos de la materia deportiva en cuestión (fútbol, baloncesto, etc.) y el conocimiento del niño y las peculiaridades asociadas a su edad.

En relación con estas cuestiones, la psicóloga deportiva Zoraida Rodríguez Vílchez, con amplia experiencia tanto a nivel profesional como infantil, recuerda que a estas edades “el papel del entrenador difiere mucho del de los equipos a nivel profesional. Éste último, por lo inherente de la situación en la que se desenvuelve, se orienta principalmente a los resultados: hay una afición, unos socios, una directiva, un equipo que lucha por un puesto en la clasificación, por ascensos o permanencia”. En cambio, “cuando hablamos del entrenador de niños, el entrenador se convierte no en un guía o estratega que busca resultados sino en un modelo a seguir que debe desarrollar el talento del niño y no solo a nivel deportivo”. Este tipo de entrenador juega “un papel fundamental en el desarrollo social del niño, psicológico y educativo: transmite valores (el esfuerzo, la solidaridad, la importancia del trabajo en equipo, del disfrute, del trabajo diario, la obediencia y acato de normas, etc.), formas de comportamiento tanto en el campo, como con sus compañeros o rivales, como ante las figuras de autoridad como el entrenador, los árbitros…”. Además, el entrenador-educador debe “desarrollar también sus habilidades sociales para tratar con los padres y que le ayuden a transmitir los mismos modelos de conducta”. Para ello resulta clave que tenga la habilidad de convertir este desarrollo del niño en un continuo juego, pues está demostrado que a través de él se interioriza mejor el aprendizaje y los valores, algo que los mayores deberíamos recordar que es importante.

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