¿Fracaso o aprendizaje?

Thomas Edison dijo: “No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla”. Fue su respuesta ante la pregunta de un periodista que le recordó que no le fue fácil encontrar el filamento que nos ha permitido tener luz en nuestros hogares. Ante un ataque como ese, ante un recordatorio de nuestros fracasos, la mayoría de las personas solemos ponernos a la defensiva. Este inventor nos demostró la parte positiva que tiene todo fracaso: el aprendizaje.

El mundo del deporte, como la ciencia, es otro buen campo en el que es muy sencillo toparnos con pequeños o grandes fracasos. Inventar la bombilla es como ganar partidos: hacen falta práctica, esfuerzo, paciencia y saber levantarse tras los fracasos. Si os pregunto si la vida no es similar, ¿qué me diríais?

Sea cual sea tu ámbito, aquí va mi consejo semanal: tú decides si tus errores quieres verlos como fracasos terribles que han de hundirte en el pozo más profundo, o prefieres verlos desde un punto de vista más positivo y sacarle todo el jugo. Yo pienso que siempre que cometemos un error, si miramos bien de cerca, al ver dónde nos hemos equivocado, se deduce de forma inmediata, la solución al problema. Por ejemplo: si observáramos una situación de fuera de juego, ¿dónde está el error? Es muy fácil: “este jugador ha estado mal posicionado”. Respuesta correcta. A partir de ahora hay dos caminos: fustigarse con “¡qué mal lo hice, no estuve atento, no mantuve la posición correcta, qué gran catástrofe!” o aprender para la próxima diciendo “debo estar más atento a mi posición y la próxima vez, tendré más cuidado”. Sencillo, ¿no?

¿Y si en vez de un fuera de juego hablamos de por qué no me salió bien la entrevista de trabajo, por qué no me aceptaron este proyecto o qué hice mal en mi charla para que la gente no estuviera atenta? Aunque hay ejemplos en los que la respuesta no están sencilla, siempre hay una pista a la que agarrarnos: quizás no destacaste lo suficiente tu experiencia profesional, no aceptaron tu proyecto por ser demasiado complejo o debería haber dado una charla más dinámica. Puede que influyan más factores, pero algo es algo, y aprender y rectificar es de sabios.

Lo fácil es quedarse en el victimismo, en la culpa, en la catástrofe y no coger la responsabilidad de cambiar las cosas. En el fondo es algo tan sencillo como tomar una decisión así de simple: ¿quieres aprender o hundirte en el fracaso? Es más difícil levantarse tras caer, seguir luchando, pero tiene más mérito. Y desde luego, más beneficio a corto y largo plazo. Así que empieza dando tus primeros pasos en esta nueva actitud: observa por qué las cosas no salieron cómo tu esperabas, que hiciste para fallar o para que no saliera tan perfecto como esperabas, y al observar, descubrirás, qué camino has de tomar.

Zoraida Rodríguez Vílchez
@ZoriPsicologa para IDEAL Granada