Cómo ayudar/motivar a mi hijo a venir a terapia

Ser padre y/o madre no es una tarea fácil, de eso no cabe duda: nadie nos enseña cuándo, dónde, qué y cómo. La realidad es que ser padre/madre implica estar inmerso en el método ensayo-error, donde debes ir poco a poco descubriendo sus necesidades y la forma de suplirlas.

No obstante, hay veces que una determinada problemática perdura en el tiempo e incluso se llega a complejizar y no sabemos hacerle frente. Lo más común es que en un periodo de tiempo muy breve pase a constituir uno de nuestros principales focos de preocupación. Algunas de las problemáticas más frecuentes son el bajo estado de ánimo, problemas en el manejo de la ansiedad, problemas de insomnio, adicción a las tecnologías, problemas de conducta o dificultades en el rendimiento académico.

Intentamos ayudarle, pero vemos cómo la cosa va a peor. Nos quedamos sin herramientas para gestionarlo y nos empezamos a sentir desbordados, sin recursos, sin esperanzas. E incluso, cuando el problema es persistente, sin energía para poder pensar con claridad. En estos casos, tendemos a buscar ayuda profesional externa. Pero, ¿qué ocurre si nuestro hijo/a se niega a ir a terapia? ¿Cómo podemos ayudarle a que de ese primer paso?

  1. Cuidar el momento. Una de las primeras cosas a tener en cuenta a la hora de explicarle a nuestro hijo/a que vamos a pedir ayuda profesional es buscar un momento donde el niño esté relajado, descansado y con un estado de ánimo óptimo. Por ejemplo, un buen momento puede ser tras haber compartido un rato de juego o actividades con él/ella.
  2. Ser claros. Es importante explicarle sin engaños y sin ocultarle información a donde viene y por qué viene. Sobre todo cuando el niño empieza a tener una edad en la que es consciente de las cosas. ¡Si obligamos y no somos honestos desde el primer momento, solamente generaremos desconfianza y rechazo!
  3. Respetar su propio ritmo: a diferencia del trabajo con adultos (donde es la persona quien generalmente decide asistir de forma voluntaria), con niños y/o adolescentes, la decisión suele venir por parte de los padres. Es importante no obligar ni presionar: simplemente dárselo como un posible recurso al que acudir. Ello hará que lo reflexionen y lo consideren, pero el imponer generalmente genera un rechazo total. ¡No nos olvidemos de que los ingredientes fundamentales para que la terapia funcione son la voluntad, implicación y el compromiso del paciente!
  4. Hacerle conocedor/a de la confidencialidad. Los psicólogos tenemos la obligación de guardar el secreto profesional (a no ser casos graves en los que su salud esté en juego). Es cierto que a los padres se nos da información sobre la orientación de la intervención y de las áreas en las que se está trabajando, pero para que exista la relación terapéutica, es necesario tener sus secretos guardados bajo llave.
  5. Ofrécele comprensión y ayuda. Cuando tengáis la conversación con vuestro hijo/a, es fundamental hablar desde la empatía, transmitirle vuestra preocupación y vuestra necesidad de acudir a algún profesional que: a) le entienda mejor y b) le proporcione herramientas para ayudarle a superarlo y a mejorar. Podéis hacerle ver que a vosotros se os escapa de las manos.
  6. Hacerle conocedor de que el psicólogo ayudará a toda la familia. Explicarle al niño que es un trabajo en equipo y que va a estar involucrada la familia al completo suele generar sensación de alivio y tranquilidad. De esta manera evitamos que se sientan el foco o la causa del problema.
  7. Cuando la negativa persiste, podéis explicarle para qué es un psicólogo y en qué consisten las sesiones de terapia. Por ejemplo, decirle que ir al psicólogo no implica pruebas físicas ni pinchazos, sino que se trata de ir, hablar, hacer actividades para trabajar nuestros problemas y ayudarnos a sentir mejor. También suele ayudar decirle el nombre del psicólogo/a y enseñarle fotos tanto de él/ella como del centro. Esta puede ser una manera de disminuir su ansiedad y su nivel de alerta.
  8. ¡La terapia no es un castigo! Es muy complejo establecer una buena relación terapéutica cuando el niño considera la terapia como algo malo y/o negativo. En estos casos, lo que suele ocurrir es que acude al centro con actitud defensiva, dispuesto a hacer frente a ese castigo. “Te voy a mandar al psicólogo por tu mala actitud” o “has empeorado tanto que vamos a llevarte al psicólogo para ver si te cambia” son frases no recomendables.
  9. ¡Que no caiga el ánimo! Si después de haber puesto en práctica todas estas pautas la negativa por parte de nuestro hijo persiste, es importante mantener la calma. Para ello, podemos decir algo como:

De acuerdo cariño. Hacemos un trato, haces una prueba con él/ella durante los primeros días. Si juntos decidís que no hace falta que vayas, lo respetaremos. De momento, creemos que es importante que vayas. Papá y yo queremos quedarnos tranquilos.”

Intenta poner en práctica estas 9 pautas a la hora de comunicarle a tu hijo la decisión de acudir a un psicólogo. No lo hagas las horas previas, dale como margen unos días para que reflexione y sienta que su opinión se tiene en cuenta. Mantener a nuestros hijos informados antes de la primera sesión fomentará una buena actitud y una sensación de calma y tranquilidad.

Sara López Guerra

Psicóloga de Zoraida Rodríguez Centro de Psicología

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