Cómo superar la hipocondría durante la pandemia

Cómo superar la hipocondría durante la pandemia - Zoraida

Hipocondría es un término que resuena mucho en nuestro día a día, pero ¿qué es realmente? El DSM-V la define como “la preocupación y el miedo a padecer, o la convicción de tener, una enfermedad grave, a partir de la interpretación personal de uno o más signos o síntomas somáticos”.

En consulta, antes de la pandemia, eran muy comunes los trastornos de ansiedad, estrés y fobias, sin embargo, hoy en día la presencia de obsesiones y preocupaciones por la salud ha incrementado. Podemos entender este aumento de casos de acuerdo con el contexto actual, donde los síntomas de la COVID-19 y los de ansiedad pueden ser parecidos: presión en el pecho, falta de aire, náuseas, palpitaciones, etc. En la hipocondría estos aparecen basándose en la creencia de que hay una amenaza potencial, sin embargo, el contagiarse de COVID es una amenaza real, que ha afectado a la vida de miles de personas. Ante las medidas de prevención que conocemos para la COVID (higiene, mascarillas, distanciamiento), la prudencia para evitar el contagio es un mecanismo racional, sin embargo, debemos identificar aquellos pensamientos irracionales originados por el miedo que afectan a nuestra tranquilidad y bienestar, entrando en un estado hipervigilante donde cualquier situación puede ser potencialmente amenazante.

Este estado hipervigilante surge en la hipocondría de acuerdo a ciertas “conductas de enfermedad”, donde centramos el foco de atención en los síntomas que presentamos y que relacionamos con una enfermedad específica. En este momento, estamos pendientes de todos los síntomas corporales, es decir, comenzamos a autovigilarnos, notando el más mínimo cambio y esto hace que se dispare la ansiedad. Más tarde se generalizan los síntomas y anticipamos que puedan aparecer otros síntomas que nos generan miedo o paralizan. En el momento que aparece la ansiedad, hacemos cualquier cosa para que esta baje a corto plazo, aunque realmente esto genera un recurso ineficaz que provoca precisamente el efecto contrario, el mantenimiento e incremento de ansiedad a largo plazo. Todos estos síntomas de la ansiedad son síntomas parecidos a los de la COVID, de manera que entramos en un bucle de: me vigilo, noto sensaciones corporales como falta de aire, nerviosismo, palpitaciones, etc., y pienso que podría estar contagiado, por lo que se dispara aún más la ansiedad ya presente y el bucle no para.

Pautas para combatir los miedos

Para la hipocondría, el tratamiento va enfocado en identificar los propios síntomas y enfrentarse a los miedos, de cara a ver que esas palpitaciones no implican una enfermedad, sino que es más bien producto de la vigilancia que estamos poniendo. Sin embargo, en la COVID, como decimos, la diferencia del peligro es que es real, por lo que no sería lógico exponernos al contagio. En este caso la búsqueda de síntomas parte de un miedo a tener la enfermedad que todavía no ha sido detectada, y se siente con un grado de convicción variable. Esta variación depende de la hora en un mismo día, de si hay más estrés, de nuestro descanso, problemas interpersonales, etc. Hay muchos momentos de incertidumbre y esto puede causar ansiedad. El problema se origina cuando tratamos ineficazmente de deshacernos de ella, cuando realmente esto hace que persista. Buscamos el alivio momentáneo mirando las noticias, buscando consuelo de familiares o bien acudiendo al médico de manera frecuente, sin embargo, hay que ser conscientes de que la vigilancia excesiva lleva a síntomas de ansiedad.

Dicho esto, quiero destacar en primer lugar la importancia de descartar el contagio de la COVID. Si las pruebas son negativas, es muy importante ser conscientes de dónde estamos poniendo nuestro foco de atención, ya que puede originar ansiedad y miedos que a largo plazo podrán extenderse a más ámbitos. Debemos estar atentos en la medida de lo posible y cumplir con las medidas de seguridad, pero si los síntomas persisten se recomienda buscar ayuda profesional.