No te compares con los demás

Que el deporte es resultadista, lo sabemos todos. Que al final todo lo que suena es si has ganado o perdido, también. El puesto en el que has quedado, la posición en la clasificación, o el tiempo que has conseguido es lo único que se tiene en cuenta para futuras competiciones, para pasar los cortes, conseguir las mínimas o incluso, para que aparezcas o no en los medios. Ahora, como tu confianza dependa exclusivamente de esos resultados y de esa comparación que todos y en especial, tu mente, hacen, amigo, estás perdido.

Cuántas veces habremos oído la frase: “no te compares con los demás”, y justamente por estar muy trillada, parece que va perdiendo veracidad. Quizás deberíamos cambiar la forma de expresarlo y centrarnos más en esta idea: “si quieres llegar a algo, si quieres tener confianza, mídete sólo contigo mismo”. Puede ser que así empecemos a cambiar y a aplicarnos el cuento.

En deporte de élite y competición hay muchos casos en los que la autoestima y confianza del deportista está realmente afectada, y se estacan, no avanzan y no mejoran en sus resultados. Más de la mitad de las veces, el origen suele estar en que se comparan en exceso con sus rivales; por supuesto con los que son más fuertes que ellos. El deportista olvida que por debajo suya hay cientos o miles que nunca llegarán a dónde él está, pero eso se olvida, ¿verdad? Eso parece que no importa. Si el deportista tiene siempre la vista puesta en cuántos segundos le ha sacado el rival de siempre, se zambullirá en una espiral de tortura que le impedirá ver cuáles son sus progresos y sólo se cegará con el destello del otro.

En psicología está demostrado que si centramos la atención en algo concreto, solo vemos eso. Existen cientos de estudios científicos en este sentido. Desde juegos de percepción visual en los que delante de nuestras narices pasa un camión y no lo vemos, hasta demostraciones de mecanismos psicológicos que mantienen un trastorno. Por ejemplo, en los casos de dolor crónico, se ha observado que las personas que se centran excesivamente en su dolor, lo aumentan subjetivamente; mientras que cuando están distraídas, les duele menos. O en los casos de ataque de pánico, el paciente se centra tanto en los cambios casi imperceptibles de su cuerpo, que en cuanto se nota el más mínimo cambio, se cree que algo malo le va a ocurrir y se desata el ataque creyendo incluso que está a punto de morir. Si esto es así, ¿no nos ocurrirá igual a los deportistas o a cualquiera de a pie? ¿Si Federer solo se hubiera centrado en los éxitos de Nadal, hubiera conseguido ganarle alguna vez?

Si este es tu caso, plantéate: ¿merece la pena?, ¿te aporta algo?, ¿o te está perjudicando esta comparación continua? Empieza a evaluar tus progresos reales, a mirarte solo a ti, a llevar un registro objetivo de tus evoluciones y mejoras, porque solo así podrás salir de ese pozo que no te deja avanzar.

 
Zoraida Rodríguez Vílchez
@ZoriPsicologa para IDEAL GRANADA