Martes 13: psicología de la superstición

Hoy, martes y 13, es un día al que muchos le tienen cierto respeto, como poco, y gran terror, como mucho. De hecho, para éste último hay hasta nombre: “trezidavomartiofobia”. El origen de esta superstición viene desde teorías que hablan de los vikingos, hasta que 13 eran los invitados a la Última Cena de Jesucristo; pasando por innumerables catástrofes acontecidas en una fecha como hoy. Tan poco nos gusta este número que a veces es omitido en plantas de edificios o en las filas de los aviones.

Como el martes y 13 hay un sinfín de supersticiones. Hay dos tipos: las requeridas (nos llevan a realizar alguna conducta como pasar un billete de lotería por la barriga de una embarazada) o las evitativas (no pasar debajo de una escalera). Llegamos hasta temer a algunos tipos de personas. Que me perdonen los pelirrojos, pero yo he llegado a escuchar que traen mala suerte. A saber de dónde vendrá la historia de esta superstición.

¿Qué bases psicológicas hay detrás de la superstición?

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  1. Necesidad de predictibilidad: las personas necesitamos vivir en un mundo predecible, en el que hay un orden y unas reglas que explican por qué pasan las cosas. Cuando yo creo la regla “si el cielo está encapotado, debo coger un paraguas porque es probable que llueva”, evito mojarme. Nos ayudan a vivir mejor. El problema es que vamos creando asociaciones que carecen de consistencia científica (“si rompo un espejo, tendré 7 años de mala suerte”). Se llama correlación ilusoria y explica porqué el jugador de póker se toca dos veces la nariz para tener una buena mano.
  2. Necesidad de control: Si controlamos la situación (aunque sea porque llevo una pata de conejo en el bolsillo), las personas rendimos mejor.
  3. Necesidad de seguridad: en las situaciones estresantes buscamos aferrarnos a algo que nos de tranquilidad. Llevar las botas de la suerte en este partido tan importante, pueden ser incluso beneficiosas si me hacen luchar por mi objetivo con más ahínco.
  4. Eludir responsabilidad: si algo nos sale mal y lo podemos achacar a la mala suerte, no quedamos expuestos al fracaso propio o la acusación de los demás.
  5. El sesgo confirmatorio: una vez que hemos creado la regla supersticiosa, nuestra mente se dirige a buscar aquella información que confirme mi regla y a rechazar aquella que la incumple. Por eso me pongo la camiseta de mi equipo para que gane, y el día que, aún llevándola, éste pierde, busco otra explicación: “es que el árbitro nos ha robado el partido” o “los astros se han alineado en nuestra contra”. ¿Quién puede hacerle frente a los astros?
  6. La profecía autocumplida: ante una situación que creo que da mala suerte, me condiciono y yo mismo me genero una serie de desgracias. Así se explica cómo los deportistas cuando juegan en un campo al que han tachado de gafe, nunca consiguen ganar.

Como en todo, la virtud está en el término medio. Un exceso de supersticiones, nos vuelve obsesivos e inseguros. La buena noticia es que al tener su base psicológica, ¡siempre tiene remedio!

Zoraida Rodríguez Vílchez
@ZoriPsicologa para IDEAL Granada