La química del amor

Ha llegado la hora de este artículo porque son muchas las personas que acuden a mi consulta por problemas relacionados con el amor. Hay quienes vienen porque no saben desengancharse de su pareja con la que mantienen una relación tóxica; otros porque viven en una rutina en la que no son felices pero no se atreven a dar el paso. En ambos casos, normalmente detrás nos encontramos cierto grado de dependencia emocional o el miedo a salir de la zona de confort. Sin embargo, hay otro grupo de personas que vienen buscando mi ayuda porque en sus vidas ha aparecido una tercera persona que pone su mundo patas arriba. Aquí es donde entra la química del amor.

Quizás deberíamos rebobinar un poco y pensar qué es el amor. Creo que más definiciones no he podido encontrar en la literatura y creo que no me quedo con ninguna, pues lo más importante es qué significa el amor para ti. Así que pregúntate: ¿Qué significa el amor para ti?, ¿crees que hay una sola persona con la que puedes compartir tu vida, predestinada a ser tu media naranja? O, ¿tu eres una naranja completa y buscas otra más con la que hacer un buen zumo?, ¿crees en las segundas oportunidades?, ¿cómo de importante es la familia para ti?

Para mí el amor es una elección diaria, pues como les digo a mis pacientes: “si necesitas a tu pareja, no es amor, es dependencia”. Estás con tu pareja porque cada día eliges seguir ahí. Ha de ser una elección consciente, basada en una decisión en la que sabes que hay contras, pero los pros tienen más valor para ti. Sabes que tu relación va alineada con unos valores compartidos, hay un proyecto común y ambos creéis en la comunicación como medio de solucionar los conflictos. Y como en todo en esta vida, hay altibajos. Ahí es cuando entran las terceras personas.

Adentrémonos pues, en la química del amor.

¡Para tantas cosas seguimos siendo algo cavernícolas! El estrés diario que todos padecemos, lo sentimos porque continuamente evaluamos si hay algo a mi alrededor que me es amenazante, fuente de mi instinto de supervivencia. No pensamos en autorrealizarnos en el trabajo si no tenemos cubiertas nuestras necesidades básicas (sueño, hambre, un techo en el que cobijarme…), volvemos al instituto de supervivencia. Y qué mejor supervivencia que la perpetuación de la especie. El instinto de la reproducción está ahí, es un hecho. Que pongamos medios para no tener un lindo bebé, ya es otra cosa. Pero las monoaminas te echan un pulso.

Cuando nos enamoramos, se dan una serie de cambios en nuestro cerebro. Algunos neurotrasmisores (sustancias encargadas de transmitir información entre las neuronas) de nuestro cerebro sufren ciertos cambios:

    • Dopamina: este neurotransmisor está relacionado con el sistema de recompensa del cerebro. Cuando eres pequeño y haces algo bien y tu mamá te da un premio, suenan unas alarmas en el cerebro que dicen “¡bien!, lo has conseguido, tienes algo bueno” y te incita a volverlo a hacer así de bien. Es como cuando en un bar dejas propina, tocan la campana y a grito “pelao” dicen: “¡booooote!”. Al siguiente cliente le dan ganas de dejar propina nada más que por ver el espectáculo. Cuando nos enamoramos, secretamos más dopamina y nos sentimos tan bien, que queremos repetir y ver a esa persona de nuevo. Para que te hagas una idea, la dopamina también está presente en las adicciones, tanto a las drogas como al juego. Es la culpable de no poder desengancharse y caer una y otra vez.
    • Feniletilamina: activa la secreción de dopamina y ayuda a la producción de la oxitocina, hormona que activa el deseo sexual. Además de aumentar el deseo sexual, la oxitocina se encarga de afianzar las relaciones de apego. Cuando tienes un orgasmo, su producción aumenta al 400% y te hace sentir más cerca de tu pareja en ese momento. Fíjate qué importante es esta hormona, pues es la que se libera cuando las mujeres damos a luz con el último fin de crear ese vínculo con nuestro bebé y que no lo abandonemos una vez nacido.

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  • Serotonina: es el neurotrasmisor de la felicidad. Está comprobado que en trastornos psicológicos como la depresión, sus niveles se reducen de forma extrema. En el enamoramiento, la serotonina también se reduce en un principio, y explica por qué nos sentimos tan obsesionados por el otro, por qué queremos vernos de forma compulsiva una y otra vez y sentimos ese agobio si el enamorado no está presente. Después, los niveles suben cuando vemos que el otro nos corresponde.
  • Noradrenalina: Otro neurotransmisor que induce euforia en el cerebro, excitando al cuerpo y dándole una dosis refuerzo de adrenalina natural. Esto causa que el corazón lata más fuerte y la presión sanguínea aumente. Por ello parece que se nos sale el corazón o nos sudan las manos cuando vemos a alguien por quién nos sentimos atraídos.

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Estos cambios en el cerebro explican por qué al inicio de la relación somos capaces de pasar horas haciendo el amor y estar en vela toda la noche conversando y cómo, si ahora pensamos en hacerlo con nuestra pareja estable, preferiríamos dormir. Este chute de neurotransmisores es el responsable de que el cansancio se esfume, que siempre estemos excitados, que lo necesitemos como si fuera una droga y que nuestra capacidad para juzgar objetivamente al otro se reduzca a cero (de ahí dicen que el amor es ciego).

Pero todo lo que sube, baja, como la montaña rusa. Y un tiempo después, los niveles de estos neuroquímicos no producen en nosotros las mismas sensaciones que antes. Es como el efecto de una droga: llega la habituación y la tolerancia. Los receptores neuronales del cerebro ya se han acostumbrado a ese flujo químico. Esto es interpretado como un descenso en el amor o que éste se va. Viene la frase tan conocida: “es que ya no siento lo mismo”. Ya, es que no lo vas a sentir igual eternamente.

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La química cambia y el amor también. De hecho, pasamos del enamoramiento (que eso es lo que ha sido hasta ahora, no amor) al amor si la relación continua. Y mi cerebro vuelve a cambiar: cae en picado la producción de dopamina (recuerda que se encargaba del sistema de recompensa) y es lo que hace que los detalles tontos que tenía mi pareja al principio ya no me emocionen igual; ya no me gratifican tanto. El amor va cambiando y pasamos del “te deseo” a “te quiero”. La oxitocina empuja fuerte de nuevo consolidando el vínculo y la vasopresina afianza la monogamia. Además, parece que niveles altos de oxitocina y vasopresina interfieren con los caminos de la dopamina y la norepinefrina, lo cual puede explicar por qué con el tiempo la sensación de apego crece mientras que la locura apasionada del amor decae.

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Y en este mar de calma, el instinto de reproducción vuelve a llamar a tu puerta. Tenemos ojos y es fácil que alguien nos llame la atención. Nos hemos acostumbrado a esos niveles químicos y ya no son suficientes. Nos hemos habitado a la serotonina, por ejemplo, la que se encargaba de la felicidad: y es fácil, por tanto, o que la busquemos en otro lado o que hagamos demandas cada vez más exigentes a la pareja, porque ya no basta con lo que nos da. Y este caldo de cultivo, la rutina, las discusiones, si no cuidamos el amor con nuestra pareja… es fácil que surja la chispa hacia una tercera persona. Pero, ¡cuidado! ¡Que no nos vamos a enamorar del primero que pase! Además de este caldo de cultivo, necesitamos que esa persona cumpla unas expectativas, unas fantasías, unos valores… Por eso es normal que me atraigan personas muy divertidas si en mi pareja muero de aburrimiento, me derrito ante quien me escucha si no me siento comprendido o me excite ante una persona completamente diferente a lo que ya conozco.

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“Entonces, ¿no existe el amor?”, me preguntan muchos pacientes cuando les hablo de este tema. “Según cómo tú lo quieras ver”, les contesto. Creo que es importante conocer la química del amor por varias razones:

  • Si tienes pareja y te has enamorado de una tercera persona, no tienes porqué dejar corriendo al padre o a la madre de tus hijos. Has de entender que a todos nos puede pasar, es pura química. Qué hacer debería ser una elección basada en otros motivos y no impulsado por neurotransmisores.
  • Si ya has sido infiel, entenderás por qué cometiste y caíste en la infidelidad. No es que te quites culpa (si así lo ves), es que seas responsable de tus actos y comprendas qué te ha pasado.
  • No te sentirás culpable si no sientes igual que el primer día por tu pareja.
  • Te ayuda a distinguir el amor del enamoramiento y poder decidir de forma más clara. Esta elección va a ir encaminada con aquella primera pregunta que te hice al principio: ¿qué es para ti el amor? Si crees que puedes ser feliz con esta nueva persona que has encontrado, adelante; pero asegúrate primero que tu relación anterior de verdad estaba muerta y no tomas la elección por pura química. Si crees que habéis descuidado la pareja, siempre se puede poner solución. La terapia de pareja funciona.
  • Si contemplas la opción de tener un o una amante y no va en contra de tus valores, yo no voy a juzgarlo como una mala opción. Sólo pregúntate si la otra persona estaría de acuerdo o le parecería bien tener él o ella también una relación abierta.

La química existe pero el ser humano tiene algo por encima de eso: la mente, que interpreta y juzga, que toma decisiones, que reflexiona y analiza. Aunque sé, que cuando estás obnubilado por tanto neurotrasmisor la mente no se vuelve clara. Siempre me tendrás para echarte una mano y ayudarte a aclararte.

Si decides que lo mejor es olvidar a esa tercera persona y luchar contra la química para no echar por tierra lo que ya está construido, también hay formas. La mente funciona de una determina manera y conociendo sus mecanismos, se encuentran siempre soluciones.

 
Zoraida Rodríguez Vílchez
@ZoriPsicologa