Qué es la rigidez mental y cómo gestionarla

Qué es la rigidez mental y cómo gestionarla

Qué consecuencias tiene ser rígido mentalmente

La rigidez mental es una forma de pensar caracterizada por pensamientos fijos o creencias arraigadas con poco margen de flexibilidad que impiden que nos abramos a nuevas experiencias, ideas y/o cambios, sobre todo los inesperados.

Los pensamientos rígidos son una de las características de los pensamientos irracionales, los cuales influyen en nuestra manera de relacionarnos con el mundo exterior, provocándonos emociones que no son útiles para enfrentarnos a las situaciones de la vida cotidiana.

Pero… entonces, ¿qué significa tener rigidez mental?

Si tenemos rigidez mental nos costará mucho comprender otras perspectivas, otras maneras de actuar o de pensar además de que, con una probabilidad alta, todo lo que escape de nuestra rigidez nos provocará ansiedad o desasosiego.

Las personas con patrones de pensamiento rígidos quedan atrapadas en esos pensamientos los cuales les ocasionan dificultades para afrontar las situaciones cotidianas y para vincularse con otras personas. La rigidez mental nos hace prisioneros de nuestras ideas, creencias y actitudes.

Ser rígido con nuestros pensamientos provocará:

  • Dificultad para adaptarnos a nuestro entorno.
  • Dificultad para desarrollarnos en los distintos planos de la vida.
  • Aislamiento social.
  • Imposibilidad de aprender de los errores.
  • Pérdida de oportunidades.

¿Qué podemos hacer para flexibilizar un poco el pensamiento?

  1. En primer lugar, y lo más importante, aprender a detectar aquellos pensamientos y creencias fijas que nos impiden abrirnos al mundo.
  2. Cambiar los “debería” por los “preferiría”, “me gustaría” o “podría”. No interpretamos igual “debería haber llamado a mi madre” (que seguramente esté asociado con la creencia de “debo ser un buen hijo”) que si lo sustituimos por “me gustaría haber llamado a mi madre, pero no he tenido tiempo, mañana la llamo”.
  3. Comprender que los pensamientos forman parte de mí, pero no determinan quien soy, yo tengo poder en cómo me relaciono con esos pensamientos y cuánto caso les hago.
  4. Intenta alejarte de la situación y evaluarla desde fuera, toma distancia.
  5. Práctica el discutir contigo mismo lo contrario a lo que piensas, busca puntos de vista que apoyen la idea contraria a la tuya.
  6. No generalices, no caigas en las afirmaciones que incluyan “todo”, “siempre”, “nunca”.
  7. No te anticipes de manera catastrófica cosas que aún no han pasado: “si no organizo al detalle el viaje, saldrá mal” (la realidad es que no podemos saberlo porque no podemos adivinar el futuro).
  8. Por tanto, intenta mantenerte en el presente.

Andrea López Caballero
Psicóloga de Zoraida Rodríguez Centro de Psicología